domingo, 3 de mayo de 2015

Grecia: ¿hacia el abismo?.

3 de mayo de 2015.
Ignacio Escañuela Romana.

Aconsejo la lectura atenta y sin prejuicios del Reglamento de la UE número 472/2013, del Parlamento y del Consejo. Los Estados del euro con dificultades financieras que supuestamente amenacen la estabilidad de la zona euro pueden verse obligatoriamente sometidos a supervisión por la Comisión. Lo que significa que tendrá que adoptar las políticas que le dicten la Comisión, el BCE  e, incluso, el FMI. Lo que supone evaluación e injerencia constantes en sus políticas. El Estado deberá aplicar un programa de ajuste macroeconómico que lleve a sus finanzas públicas al equilibrio. Programa que la Comisión, el BCE y, probablemente, el FMI deberán aprobar.

Por una parte, el Reglamento somete a gobiernos que emergen de las urnas a los criterios de autoridades cuya legitimidad democrática es indirecta o, aún peor, simplemente inexistente.

Por otra parte, "política de ajuste macroeconómico" significa recorte en el gasto público hasta el nivel necesario para seguir pagando deudas externas y tener superávit primario (el Estado ingresa más que lo que gasta, si descontamos el pago de los intereses y principal de los préstamos externos).
 
Pongamos el caso de Grecia, país cuyo electorado ha dado un mandato de cambio radical de políticas económicas, y que se enfrenta a los criterios imperantes en la Comisión, el Banco Central Europeo, el Consejo de la UE y el FMI.

Grecia ha perdido un 25% de su renta nacional en los últimos años. Ha visto dispararse el desempleo y la pobreza. Sus ingresos públicos han disminuido proporcionalmente a su renta (descensos del IVA, del impuesto sobre la renta y riqueza, del impuesto de las actividades económicas, etc., todos ellos claramente relacionados con la actividad económica).

Grecia tuvo que pedir ayuda financiera a la Comisión, colocándose en el ámbito de aplicación del Reglamento mencionado, de modo que perdió su autonomía económica real. Ese día Grecia dijo adiós a su soberanía económica. ¿O quizá lo hizo cuando entró en el euro?. Una zona monetaria muy mal diseñada, tal y como ha expuesto reiteradamente Varoufakis. Una zona monetaria que incumple las condiciones que da la teoría para las uniones de ese tipo.  Una zona que se fundamenta en la creencia siguiente: la emigración de los trabajadores y los movimientos de los capitales solventarán crisis económicas diferenciales entre Estados. Sin pensar, en ningún momento, en el sufrimiento de una persona forzada a emigrar. Sin considerar el impacto negativo de la pérdida de capital humano en una economía.

La realidad es que la situación de Grecia es insoportable. Su posición económica en la Unión Europea es propia de una colonia, y no de un país moderno y democrático. Lo que se dirime es si las elecciones democráticas pueden decidir la política económica, o lo harán instituciones y tecnócratas sin legitimidad.

Leer cómo Moscovici, Comisario de Asuntos Económicos en la Comisión Europea, da lecciones de reformas a los gobernantes legítimamente elegidos en Grecia parece un cuadro surrealista, si no fuese porque lo que está en juego son cuestiones vitales como la sanidad, las pensiones, la vivienda, en Grecia. Declara: "Con o sin Varoufakis, el problema de Grecia es el mismo: Atenas debe presentar una lista concluyente de reformas, y rápido. No hay tiempo que perder". Reformas quiere decir recortes en gastos presupuestarios claves para dedicar ese dinero a pagar deuda externa. No importa la pobreza de las personas y familias.

Con ello alude a los problemas de liquidez cada vez más acuciantes que afronta Grecia, a la vista de que no ha logrado todavía un acuerdo con los acreedores que permita el desembolso del tramo del rescate pendiente por valor de 7.200 millones de euros. Lo que, según mis cálculos, supone un 4% del PIB griego. Es como si España estuviese pendiente de recibir 41000 millones de euros.

Ahora bien, Grecia afronta pagos de 960 millones de euros al Fondo Monetario Internacional esta semana. Todo ello mientras debe realizar gastos públicos esenciales, que incluyen salarios y pensiones, sanidad, educación, etc.

El problema consiste en que la deuda pública del Estado griego, respecto a otras entidades de Derecho público, ronda el 100% de su PIB. Es decir, es simplemente impagable. Grecia apenas puede afrontar los intereses.

Varoufakis tiene razón: o reestructuran la deuda (es decir, hacen una quita de parte del principal), o Grecia no podrá seguir funcionando en la situación actual. Si entendemos que un Estado no debe y no puede sacar el dinero de los salarios, pensiones y gastos sociales y en infraestructuras esenciales; para dedicarlo a devolver préstamos al BCE, Comisión, Eurogrupo, FMI.  Entender lo contrario es alejar a la economía del servicio al hombre, cuyo bienestar es el objetivo.

¿Y si Grecia debe, al final, salir del euro y hacer una quita de la deuda, arriesgándose a una tremenda crisis instantánea de financiación, pero apostando por la devaluación y la reactivación a medio plazo?. 

Entiendo que las autoridades de la UE y, sobre todo, el resto de gobiernos nacionales reflexionarán y lanzarán un plan masivo de reactivación para Estados que como Grecia han llegado a un límite. España saldría también ganando. Necesita también reafirmar su recuperación.

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