sábado, 7 de septiembre de 2013

Persistencia del paro en Europa: la competición en la que todos perdemos.

Ignacio Escañuela Romana.
7 de septiembre de 2013.

Si hay algo sorprendente en política, se encuentra en los intentos de convertir lo negro en blanco, o cuadrar un círculo. España acaba de perder en agosto casi 100.000 afiliados a la seguridad social: 100.000 personas que han perdido su trabajo. Pero el gobierno difunde que el paro registrado ha descendido en 100 personas. Es decir, el gobierno defiende que es positivo que las personas que pierden su empleo no busquen activamente el siguiente, simplemente porque no tienen esperanzas de encontrar otro. O bien defiende que sus estadísticas del desempleo son totalmente erróneas.

El economista Amit Bhaduri intenta, en diferentes artículos, analizar la evolución económica durante las últimas décadas: desde el contraataque monetarista de los años 60.

Destaco aquí algunas de ellas:
-          Es increíble que los regímenes democráticos puedan sostener el paro elevado y persistente que es el principal rasgo de nuestras economías  desde la imposición en los años 70 de políticas neoliberales (o economía clásica). ¿Cómo es posible que no se haya creado una presión popular, expresada a través de las urnas, para modificar tales políticas?.
-          Es este predominio casi incontestado del pensamiento neoliberal el que ha generado la lucha entre las naciones por la productividad laboral. Y esto ha agravado el problema persistente del desempleo. La globalización de los mercados genera una obsesión por rebajar costes laborales, que incrementa las desigualdades sociales.
-          En realidad, al poder económico constituido el paro le viene bien. Le permite controlar los salarios reales. Manteniendo un número importante de personas en paro, le quita capacidad a los sindicatos para reclamar y lograr mejoras en las condiciones laborales y los salarios

La explicación de cómo las mayorías, cuya renta es baja, apoyan un sistema que defiende las desigualdades sólo puede recaer en la observación de Keynes: son las ideas las que modelan el mundo, y no los intereses. Todos parecen estar convencidos que hay que perseguir políticas económicas obsesionadas con la evolución de los precios, que se olvidan totalmente del objetivo del pleno empleo. Políticas consolidadas en bancos centrales completamente independientes, irresponsables ante las urnas. ¡Los poderes económicos han impuesto instituciones alejadas del votante!, proclamado implícitamente irresponsable.

Por lo tanto, una de las ideas de Bhaduri consiste en que el sistema económico actual impulsa la productividad laboral, creando paro.

Veámoslo para España. La productividad aparente del trabajo es simplemente lo que se produce en un año (PIB normalmente) dividido por el número de trabajadores empleados. Lo que nos da el producto anual por trabajador. O bien, podemos multiplicar la jornada media de cada trabajador por el número global de trabajadores, y utilizar el resultado para dividir el producto nacional anual. Nos da el producto de cada hora trabajada.

No se puede confundir esa cantidad con la productividad total, que tiene en cuenta las cantidades de todos los factores empleados y asigna el residuo no explicado a la tecnología. Asimismo, nos encontramos con obvios problemas estadísticos, destacando la existencia de una economía sumergida cuyas cantidades no podemos conocer. No obstante, tenemos, al menos, una aproximación.


Pues bien, la evolución de la productividad aparente del trabajo en España desde el año 2000 es la siguiente:




Se observa un aumento en la productividad aparente del trabajo en plena crisis económica. Se va incrementando conforme el desempleo en España aumenta. No reproduzco aquí las cifras de desempleo ya que están en un artículo anterior del blog. Basta con apuntar a que superan el 25% de la población activa, alcanzando, como mínimo, unos seis millones de personas. El repunte estacional del empleo en el verano 2013 será desbordado por el desempleo del otoño. El número de cotizantes a la seguridad social, auténtica piedra de toque del empleo en la economía formal, ya está cayendo. Esta situación es comparable a la Gran Depresión de 1929.

Por lo tanto, las empresas españolas han estado despidiendo trabajadores aceleradamente. Mucho más rápido que la caída del PIB global.

Lo que sucede es que España, al igual que el resto de países de la Unión Europa y una mayoría de países en todo el mundo, sigue una política de crecimiento a través del sector exterior. Deprimimos nuestra demanda interna e intentamos crecer a partir de las exportaciones. Como las exportaciones tienen una cantidad fija y limitada, se trata de vencer al resto de países, haciendo descender nuestros costes internos. Es imposible que todos los Estados ganen, y, desde luego, en cierto sentido todos pierden.

Tomemos el caso de tres países de la unión euro:
-          X expande sus exportaciones netas (menos las importaciones) y consigue un crecimiento del PIB. Alemania, por ejemplo, con el menor desempleo de sus últimas décadas (en el 6’8%).
-          Y expande sus exportaciones netas pero su PIB desciende, porque la contracción de la demanda interna (consumo e inversiones) supera a la expansión de la demanda exterior de sus productos. España.
-          Z asiste a la suma de exportaciones netas negativas pese a una contracción radical de su PIB, sumando, así pues, contracciones interna y externa. Veamos Grecia: caída en el –4’6% del PIB, con déficit en la balanza de pagos por cuenta corriente del –0’8% respecto al PIB. ¡Una situación desesperada!.  

Pero, en realidad, los tres se beneficiarían de una expansión decidida del consumo y la inversión de Alemania.
-          Alemania tendría una crecimiento mayor, junto con la certeza de que el resto de países del euro no se saldrán de la zona e impondrán devaluaciones competitivas en sus monedas nacionales recuperadas.
-          España y Grecia tendrían balanzas de pago más positivas, con menores presiones deflacionistas, y podrían expandir su demanda interna relanzando su inversión.

La auténtica solución a lo que vivimos es una rectificación en el pensamiento económico. Existe una escuela de pensamiento alternativo a la economía clásica y se denomina keynesianismo. El neoliberalismo, con su creencia en que los mercados son perfectos y nos llevan a un óptimo social,  no es la única opción en política económica. El keynesianismo y su afirmación de que los mercados, por sí solos, nos conducen a desequilibrios cíclicos y persistentes es la otra teoría económica con, al menos, las mismas pretensiones de veracidad.

En definitiva, ¿cuánto tiempo podremos soportar la existencia de un alto y persistente desempleo?.

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