viernes, 14 de junio de 2013

No existe una escuela de pensamiento económico marxista: es urgente una renovación.

¿Existe una escuela vigente de economía marxista?.  

Ignacio Escañuela Romana.

14 de junio de 2013.

Para valorar la aplicabilidad actual del pensamiento marxista, es preciso partir de un hecho. Marx pretendía hacer una teoría científica. Su obra no es una propuesta ética, ni un sistema de postulados políticos. Su objetivo era fundamentar científicamente una teoría sobre el funcionamiento de los sistemas económicos, en especial el capitalismo.

Sobre la base de esta teoría, intentaría basar la caída inevitable de ese sistema socioeconómico. No era una creencia, sino una predicción con seguridad completa.

El problema es que la revolución marginalista de 1880-90 se llevó por delante los fundamentos de la teoría clásica, y con ella la teoría marxista: se aceptó que el precio venía marcado por la utilidad que produce en el consumidor, y no por el coste de producción, solucionando así paradojas tales como que un vaso de agua vale en el desierto mucho más que la maquinaria más compleja y cara de producir. Marshall fijaría poco después, finalmente, que el precio de mercado, para bienes con costes crecientes (los usuales, que no poseen economías de escala), es el resultado de la interdependencia entre la oferta y la demanda.

Por el contrario, Marx se basó en la economía clásica, por lo que pensaba que el valor de los bienes y servicios depende de sus costes. Esencialmente del coste laboral.

Pero entonces, los ingresos de las personas vienen determinados por los precios de los bienes que producen, y éstos por la utilidad generada en juego con la oferta. El mercado resuelve un precio basado en preferencias, y el reparto del excedente entre las clases sociales es un resultado.

De hecho, el coste de producción deja de ser un factor primario, y pasa a decidir, al final, qué empresas sobreviven, qué productos se ofrecen. Además, no es una contabilidad directa en función de lo que utilizamos para fabricar, sino que los bienes cuestan simplemente aquello que no podremos ya producir con los factores que hemos empleado. Hacer una carretera tiene el coste de oportunidad de la escuela que ya no podré construir con esos recursos.

Hicks desarrollaría la teoría aceptada hoy: se prescinde del concepto utilidad, se habla de preferencias no directamente cuantificables: curvas de indiferencia entre bienes.

A partir de esta revolución intelectual, que sitúa al pensamiento marxista en la necesidad urgente de replantear los fundamentos, surge toda la discusión acerca de la posibilidad de un socialismo: propiedad colectiva o social de los medios de producción.

Cassell (1899) consideró que sin propiedad privada de los medios de producción y sin un sistema de intercambio, el sistema económico no es viable: no se pueden determinar los precios y todas las decisiones se convierten en arbitrarias y potencialmente erróneas. Mises ahondó en esta crítica: es imposible formar precios en ese contexto, y sin precios no se puede decidir con eficiencia ni qué producir, ni qué consumir.

Oskar Lange, economista polaco de prestigio y experto en planificación sobre la base de las tablas input-output, quien volvió a Polonia tras la guerra, es quizá quien ha propuesto hasta ahora, con más énfasis y acierto teórico, la posibilidad de un sistema socialista:

-   El Estado posee los medios de producción.
-   Existen mercados libres donde se fijan los precios de los bienes y servicios y, por lo tanto, del capital y el trabajo.
-   Las empresas públicas actuarían en función de decisiones de coste económico, porque las no viables serían cerradas.

Desgraciadamente, esta alternativa ni ha sido desarrollada teóricamente, ni ha sido puesta en práctica, hasta ahora, en ningún régimen socialista (hubo algunos intentos en Yugoslavia). Por ello, su evaluación real y teórica es, hoy por hoy, imposible.

En todo caso, el pensamiento marxista original es inaplicable como tal. Además, no existe un cuerpo teórico coherente y sólido que justifique la existencia de una escuela de pensamiento marxista.

A día de hoy, se dan sólo dos teorías económicas coherentes y rivales: neoclásicos frente a neokeynesianos. Una de las carencias de la izquierda actual es justamente la no existencia como pensamiento teórico global.

Mientras no exista esta renovación, mientras que la izquierda no admita la necesidad de cumplir con los fundamentos científicos de la Economía cono ciencia, no podrá presentar ninguna alternativa creíble. Urge renovación, porque, como Keynes decía, son las ideas las que mueven el mundo.


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