sábado, 7 de abril de 2012

España: ¿Cómo estimular la economía cuando el gasto público desciende?

En la actual situación, España debería seguir un programa ambicioso de gasto público, con el objetivo de aumentar la demanda efectiva agregada. Sin embargo, está inmersa en una zona euro controlada por la economía alemana. El gobierno alemán persigue una política de restricción de la demanda, a fin de crecer mediante las exportaciones a países como España. Se trata de una política de empobrecer al vecino.

La situación no puede ser peor:  en plena recesión económica seguimos teniendo diferenciales de inflación positivos, y nuestro saldo de la balanza por cuenta corriente sigue siendo negativo a pesar de todo. Por lo tanto, o Alemania modifica esta política, o España sale de la zona euro y tiene que realizar una quita en su deuda. Pero este tema lo dejo para otro artículo.

Lo que aquí me planteo es cómo apoyar a la demanda mientras se reduce la cuantía general del gasto público. La teoría keynesiana ofrece algunos modos por los que es posible estimular la demanda incluso en estas circunstancias. O, al menos, intentar equilibrar el impacto recesivo de la reducción del gasto global, con el impacto positivo de las modificaciones en las políticas presupuestarias.

Veamos las posibilidades:

En primer lugar, es muy importante eliminar los programas de transferencia de renta a las empresas y empresarios y rentistas, para sustituirlos por programas directo de gasto. La razón estriba en que las transferencias de renta a personas de renta media-alta impulsan débilmente la economía, porque una parte del dinero transferido va a ahorros y sale así del circuito económico. Mientras que el gasto público directo empuja con más fuerza a la demanda agregada, ya que no se reduce por ningún ahorro.

Segundo, aunque no podamos, en la presente situación, sostener déficit presupuestarios superiores a una determinada cuantía, sí podemos y debemos expandir el gasto público. Los aumentos equilibrados, con crecimientos en la misma cuantía en los impuestos y los gastos públicos, no sólo mantienen el presupuesto dentro de unos límites de déficit, sino que permiten financiar programas de gasto social e impulsar la economía. El llamado multiplicador del presupuesto equilibrado asegura que al detraer algunos recursos del ahorro y dedicarlos al gasto, la consecuencia global es una expansión de la demanda agregada y, por lo tanto, de la economía.

Tercero, cuando aumentemos los impuestos, debemos centrarnos en aquellos que recaen en las rentas más altas. Más allá de consideraciones de justicia social, este programa consigue estimular la economía al restar renta precisamente de aquellas personas que tienen un ahorro más alto por tener mayor capacidad adquisitiva. Cualquier transferencia de rentas desde personas de renta alta a personas de renta baja provoca un crecimiento del consumo y, en consecuencia, de la demanda agregada.

Finalmente, es preciso añadir una reflexión. La inversión pública debe centrarse en los sectores que puedan generar en el largo plazo un mayor crecimiento económico y mayores beneficios sociales. En este sentido, el mejor criterio disponible es el del crecimiento de la demanda mundial en los últimos años. Por ello, los esfuerzos de inversión pública directa deben centrarse en el sector fabril: maquinaria, ordenadores, equipos pesados, bienes de equipo, componentes eléctricos e hidráulicos, transporte pesado, etc. Son estos sectores los que están impulsando a la economía norteamericana. 

Estimar en una simulación el impacto global de estas políticas será el objeto de otro artículo.  

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